sábado, 2 de mayo de 2020

El Cuaternario



La cuádruple purificación sufrida por el iniciado debe enseñarle a vencer las atracciones elementales.

Estas se ejercen oponiéndose dos a dos. Se hace corresponder la primera a la Tierra, que simboliza la pesadez, la oportunidad, el positivismo material, la inercia, etc.

Esta tendencia a lo bajo es combatida por la tendencia a lo alto, figurada por el Aire, elemento liviano sutil, transparente, pero inconsistente y difícil de tomar.

El Agua llena lo que está vacío; así la idea de una materia universal que se pliega a todas las formas.

Ella busca, además el reposo, la horizontalidad; calma, apaga, de ahí la tendencia a la languidez ya la pereza que se le atribuye.

A su pasividad, a su indiferencia, a su frialdad, se opone el Fuego, cuya actividad estimula todas las energías. Moderado, vivifica, pero muy violento, seca y mata.

El Iniciado debe mantenerse al centro de la cruz cuyas extremidades corresponden a los términos del cuaternario.

Los pitagóricos explicaban por la Tétrada los misterios de la creación y la Biblia representa al Ser de los seres por un hierograma de cuatro letras: palabra sagrada que no debía ser pronunciada.

Estas explicaciones deben ser aquí suficientes porque el estudio más profundo del Cuaternario entra en el programa del grado de Compañero.

Para una mejor comprensión de este interesante tema, les comparto el siguiente video:



Las Trilogías




Los antiguos masones hacían descansar su obra sobre tres grandes pilares llamados Sabiduría, Fuerza y Belleza, en honor de antiguos dioses a los que los fabricantes de imágenes de la Edad Media han consagrado tres de las 22 composiciones alegóricas del tarot.

La Sabiduría se nos muestra con los rasgos de una celeste Emperatriz, alada como la Virgen zodiacal o Venus Urania. Es la Sophia de los Gnósticos, la madre original de las ideas generatrices de las formas. Es ella la inteligencia que concibe el proyecto del edificio y decreta el plano. 

La fuerza ejecuta las concepciones dominando las energías rebeldes. No es un atleta, sino una mujer graciosa y frágil que domina sonriente a un león, emblema de las pasiones que es preciso someter y disciplinar en bien de la gran Obra que debe proseguirse.

Tal cual la Verdad, la Belleza se muestra desnuda. Ella riega la tierra árida que al momento se adorna de verdura y de flores. Es la Idealidad, el hada que embellece y hace amar la vida a despecho de sus miserias y de sus crueldades.

El triángulo masónico es a veces comentado por las palabras: Pensar Bien, Hablar Bien y Hacer Bien.

Pero a los ojos de la Masonería latina él evoca la divisa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

En política esta fórmula ha podido reservar decepciones; no es lo mismo en iniciación.

La verdadera Libertad pertenece al hombre libre de la tiranía de los vicios y de las pasiones, tanto como la servidumbre de errores y prejuicios. Ella es solamente don del Iniciado que permanece libre aunque estuviere cargado de cadenas por los enemigos del bien. 

La Libertad real es inalienable: el hombre la lleva en sí mismo y ningún déspota puede atentar contra ella.

La Igualdad sólo es efectiva a los ojos del filósofo que considera al mundo como un teatro en el que cada uno juega un rol convenido. 

Bien ridículo sería el actor disfrazado de príncipe si despreciara a su camarada llamado a desempeñar el papel de mendigo. ¿No son igualmente comediantes?. 

Y si el uno es superior al otro, no es acaso el que haya interpretado mejor las instrucciones del dramaturgo?.

La Fraternidad fluye de los anglo-sajones, de la persuasión de que todos somos hijos de un mismo Dios. Haciendo abstracción de toda teología, los Latinos fundan en el sentimiento de solidaridad humana la convicción de que hay entre los hombres lazos más potentes que los de la simple consanguinidad. 

El género humano es mucho más unido que lo que podría serlo una gran familia, porque constituye un cuerpo único del cual somos las células animadas de una misma vida general.

Engañar a otro es hacerse mal a sí mismo, por el daño causado a la colectividad.

Dedicarse al bien de todos se traduce, al contrario, por un desarrollo benéfico del valor individual, y el bien realizado repercute sobre su autor.

Para una mejor comprensión de este interesante tema, les comparto el siguiente video:



El Delta Luminoso




Los alquimistas veían en este emblema sus tres principios reunidos: Azufre, Mercurio y Sal, que se distinguen necesariamente en todo ser y en toda casa.

Las joyas distintivas de los tres primeros Oficiales son una clara manifestación de la ley del Ternario. 

El Nivel del primer Vigilante quiere en efecto que nadie domine a otro; la Perpendicular del segundo Vigilante, al contrario, solicita que cada uno se eleve tan alto como sea posible, al mismo tiempo que descienda hasta los abismos más profundos del pensamiento.

Hay, pues, conflicto entre la horizontal igualitaria y la vertical jerárquica, pero todo se cambia en la Escuadra que decora al Maestro de la Lógia. Este acuerda a todos los obreros una misma estima en razón del igual celo que todos aportan al trabajo lo que no le impide apreciar a cada uno según sus particulares capacidades, tanto que él pide a uno lo que no sabría exigir de otro. 

La equidad, de la que la Escuadra es el emblema, preside así las relaciones de los Masones, quienes por lo demás se tallan simbólicamente en bloques cuadrados con cuidado, porque sólo matinales rectangulares pueden ajustarse entre sí sin solución de continuidad, condición indispensable para la cohesión del edificio. 

Pero la solidez de éste depende de la estricta horizontalidad de los cimientos, que controla el Nivel.
En cuanto a la construcción en altura, se estabiliza con ayuda de la Perpendicular que asegura que ningún muro se incline a uno y otro lado.
Todo depende de la correcta talla de las piedras. Es preciso que sean normales, es decir en concordancia con la Escuadra de otra manera no interviene arte alguno y todo se reduce a un grosero hacinamiento de bloques informes. 

La Escuadra es, pues, en Masonería, el instrumento primordial, porque ella dirige el desbastamiento de la piedra bruta, o dicho de otra manera, la formación del individuo en vista del exacto cumplimiento de su función humanitaria y social.

Para una mejor comprensión de este interesante tema, les comparto el siguiente video:



El Ternario

Dos es el número del discernimiento que procede por análisis, estableciendo incesantes distinciones, sobre las que nada podrían basarse. El espíritu que rehusa detenerse en este camino se condena a la esterilidad de la duda sistemática, a la oposición impotente, a la disputa perpetua. Este Binario es el de Mefistófeles, el contradictor que siempre niega.

El Iniciado sabe conjurar el demonio después de haberlo evocado, porque la Unidad radical no se desdobla a sus ojos sino para reconstituirse trinitariamente. Dos revela Tres y el Ternario no es sino un aspecto más inteligente de la Unidad. La Tri-Unidad de todas las cosas es el misterio fundamental de la Iniciación intelectual.

El masón que adorna su firma con tres puntos en triángulo da a entender que sabe llevar por el Ternario, el Binario o la Unidad. Si realmente se ha elevado a la altura del punto que domina a los otros dos, no se perderá jamás en vana discusiones, porque percibirá sin dificultad la solución que se desprende de un debate contradictorio. Juzgando con altura de miras, sin el menor prejuicio y con toda libertad de espíritu, hará surgir la luz del choque de la afirmación y de la negación.

Síntesis – Solución.
Tesis – Afirmación.
Antítesis – Negación.

El vulgo discute comúnmente con una parcialidad llena de candor. Lejos de pesar en cada cosa el pro y el contra, no quiere conocer sino el pro de lo que él es partidario, así como no se aficiona sino al contra de lo que él combate. Las víctimas del espíritu de partido no pueden ver claro porque permanecen aprisionadas por un único punto de vista. El pensador no teme cambiar de sitio para adquirir la óptica de su adversario, porque no lograría de otra manera colocarse por sobre el debate. 

Es en razón de la excepcional importancia del Ternario por lo que la Francmasonería recuerda la ley en sus símbolos principales. 

Uno de los más sobresalientes a este respecto es el Delta luminoso.

Se distinguen tres partes en el conjunto del emblema:

1. Un triángulo, que lleva en su centro el ojo de la inteligencia o del principio consciente;
2. Rayos, que expresan la actividad, la expansión constante del ser, en virtud de la cual el punto matemático, sin dimensiones, que está en todas partes, llena la inmensidad sin límites;
3. Un Círculo de nubes, que figuran la vuelta sobre ellas mismas, de las emanaciones expansivas, más exactamente, su condensación bajo la presión de su choque, puesto que se trata de vibraciones que provienen de una infinidad de focos. 

El todo es un esquema del Ser en la multiplicidad infinita de sus manifestaciones, porque todo es a la vez triple y único. 

Para convencerse, es suficiente considerar un acto cualquiera, que no se comete sino como acción ejercida sobre algo para obtener un resultado. 

En todo lo que se hace, en todo lo que existe, intervienen, pues, tres términos: 

1°. Un agente que actúa,
2°. Un paciente que sufre la acción y
3°. Un efecto producido. 

El misterio de la Trinidad se aplica así universalmente aunque bajo diversas formas, se le encuentra en los sistemas de numerosas escuelas.

Para una mejor comprensión les comparto el siguiente video:



El Binario


Nosotros no podemos comprender, es decir, tomar mentalmente sino lo que da asidero a nuestras facultades intelectuales, pero éstas no pueden alcanzar el Ser en su unidad radical. El infinito escapa a nuestra razón que tiende a inclinarse ante las verdades trascendentales reconociendo su importancia (El candidato se inclina hasta el suelo al franquear el umbral del Templo). 

No percibimos un objeto sino cuando se diferencia de su medio ambiente. La diferenciación es, pues, indispensable al conocimiento y esto es lo que hace de el Dos el número de la ciencia. 

En el simbolismo antiguo estaba ésta representada por una mujer sentada entre dos columnas, imagen del Binario en sus diferentes aspectos.

Esta mujer es negra, para indicar el carácter misterioso y secreto de la ciencia antigua. Sus manos hacen el signo de esoterismo (lo que es interior, inaccesible a los sentidos y de orden puramente inteligible). 

La mano derecha está dirigida hacia el cielo, la izquierda hacia la tierra. Eso significa: “Lo que está arriba es como lo que está abajo”. Es el principio de la analogía universal, base de la interpretación de todos los simbolismos. 

De las dos columnas, una es roja (B) y la otra es blanca (J).

Las columnas simbólicas recuerdan los obeliscos cubiertos de hieroglíficos que se elevaban delante de los templos egipcios. Se les vuelve a encontrar en las dos torres del portal de las catedrales góticas.
Son las columnas de Hércules que marcan los límites que limitan el espíritu humano. Este dominio de lo que nos es conocido tiene por imagen el velo de Isis, tendido de una columna a otra. 

Este velo nos impide ver la verdadera Realidad, que se encierra en los misterios de la Unidad.

Nosotros atribuiremos una objetividad engañadora a las cualidades contrarias que atribuimos a las cosas. Así somos el juguete de Maya, la diosa de la Ilusión, que nos tiene fascinados con el hechizo de sus encantos.

Para sustraerse al imperio de la eterna maga, el pensador no debe dar sino un valor meramente relativo a las entidades antagónicas que imaginamos, tanto por un atraso del lenguaje como del pensamiento. 

Lo Verdadero y lo Falso, el Bien y el Mal, lo Bello y lo Feo, etc., se refieren a extremos que sólo existen en nuestro espíritu. 

Son los límites ficticios del mundo que conocemos, pequeño jirón, porque nos seduce por los reflejos cambiantes de las sedas de que está tejido. Este velo, suspendido entre las columnas del Templo, oculta la entrada y debe ser levantado por el pensador que quiere entrar. El candidato a la iniciación lo deja tras de sí cuando ha pasado las pruebas y le ha sido acordada la luz. 

El Iniciado está entonces entre las dos columnas de pie sobre el mosaico que es uno: reunión de piedras blancas y negras. Estos colores contrarios nos enseñan cómo, en el dominio de las sensaciones, todo se compensa con rigurosa exactitud. Nuestras percepciones se pliegan a la ley de los contrastes. 

No disfrutamos del reposo sino porque él repara una fatiga; apreciamos el placer comparándolo con el dolor que nos es conocido; el goce es proporcionado a la pena o a la ansiedad que lo ha precedido; el error manifiesta la verdad; el bien nos atrae en la exacta medida en que nos repugna el mal; lo bello nos place en proporción del horror que nos inspira lo feo; la luz no se concibe sino en oposición a las tinieblas y la dicha no se gusta sino cuando nos salva del infortunio.

Isis.— Diosa del misterio. Está sentada sobre la piedra cúbica y enseña a adivinar lo que está oculto.

La existencia no adquiere valor sino por la lucha contra las dificultades que hay que vencer. El goce no reside sino en el triunfo.

La vida resulta de un perpetuo conflicto; la oposición engendra todas las cosas, como la rebelión contra el individuo, porque es preciso sublevarse para ser. Tal es el sentido del mito de la caída de Adán. 

Un poco de iniciativa individual no se constituye sino bajo la inspiración del egoísmo radical (Serpiente del Génesis) que incita al automatismo fisiológico a hacerse corriente y a querer ser semejante a los Dioses conociendo el bien y el mal”.

Para mejor comprensión del tema les comparto el siguiente video:





La Unidad


Para facilitar el estudio de los números, la Francmasonería hace uso de emblemas que atraen la atención sobre sus propiedades esenciales. El nuevo Iniciado, a lo menos, no distingue ningún símbolo que se relacione con el número uno. Debe necesariamente ser así, porque nada de lo que es sensible puede admitirse como representación de la Unidad.

No percibimos para nosotros mismos sino la diversidad y multiplicidad. Nada es simple en la naturaleza todo es complejo.

Pero si en lo que no es exterior no aparece la unidad; parece, por el contrario, que reside en nosotros. Todo ser pensante tiene el sentimiento de que es uno. Esta unidad que está en nosotros se manifiesta a la vez en nuestra manera de pensar, de actuar y de sentir.

Nuestras ideas, ligadas a la idea de un todo armónico, hace nacer en nosotros la noción de lo Verdadero. Nuestros actos, relacionados a una ley establecida para todos, se reglan sobre esta unidad moral que corresponde a lo Justo y al Bien. Llevados a coordinar nuestras sensaciones, nace de esta necesidad de unidad estética las artes que realizan lo Bello. 

Lo Verdadero, lo Justo y lo Bello traducen, pues, en diferentes dominios un mismo principio de Unidad que es el Ideal, el polo único hacia el cual tienden todas las aspiraciones. La Unidad no tiene nada de objetivo. Es una abstracción que se refiere al Centro inaccesible a que nosotros referimos nuestro yo. 

Este Centro que no está localizado en parte alguna parece estar en cada uno de nosotros. Pero esto no es más que una ilusión. El pensamiento es uno. No hay sino un solo principio pensante común a todos los seres.

Es el Centro Omni presente, que está a la vez en nosotros y fhera de nosotros. (Brahma, Osiris, Dios Padre, el Anciano de los días, etc.).

Todo centro supone una circunferencia. La unidad abstracta está, pues, indisolublemente ligada a la multiplicidad concreta. El Padre universal (Osiris) está unido a la Madre universal (Isis). 

Esto quiere decir que los efectos son inseparables de las causas que se resumen en una causa primitiva simple. - ¿Cuál es esta causa?. ¿Cuál es el principio primero del que derivan todas las cosas?.

La Unidad absoluta que engloba toda existencia pasada, presente y futura, ha sido en otro tiempo simbolizada por una serpiente que se muerde la cola, el famoso Ouroboros que acompañaba la leyenda: Uno en el Todo.

Este Un Todo escapa necesariamente a nuestra comprensión. Es el Misterio por excelencia, el Arcano de los Arcanos. La existencia no se explica, se constata. 

El Ser, o lo que es, se revela a nuestros sentidos bajo su aspecto de multiplicidad, como se muestra a la razón en su carácter de unidad.

A la vez uno y múltiple, ha sido representado en la Biblia por la palabra Elohim, plural que rige un verbo en singular.

Para los Alquimistas todo proviene de la Materia primera de los Sabios, substancia no diferenciada que no podría impresionar nuestros sentidos. Esta entidad misteriosa no es nada para el vulgo, pero lo es todo para los filósofos. Los ignorantes no la ven en ninguna parte, mientras que para los sabios está en todas partes. 

La substancia una es por lo demás, para nosotros como si no existiera. Nosotros no percibimos las cosas sino en razón de los contrastes que necesariamente faltan en lo que es uno y uniforme. No pudiendo ser distinguida o separada de otra cosa, la Unidad absoluta se concibe, pues, como el Vacío o la Nada. Es el Abismo, la Noche o el Caos de las diferentes cosmogonías.

Hieroglíficamente es un disco negro, o un círculo vacío, el cero de nuestra numeración que representa el Todo-Nada, o Ser-no-Ser de los cabalistas.

Para una mejor comprensión de este impresionante tema les comparto el siguiente video:



Los Números


Lo que no es visible se revela al que sabe mirar dentro de sí. Esta mirada, replegada sobre sí misma hace descubrir un vasto dominio de conocimientos independientes de toda observación material. Son nociones que se imponen por su propia evidencia.

Ellas se refieren a lo que es necesariamente y constituyen así la ciencia de lo absoluto que no sufre más inexactitudes que las matemáticas. Esta ciencia que es la más importante de todas está encerrada en nuestro espíritu que la descubre como un tesoro ignorado desde que logra percibirse a sí mismo. 

Es así que el conocimiento de sí mismo es el punto de partida de toda filosofía. Pero es imposible conocerse directamente a sí mismo sin el auxilio de un espejo.

Las abstracciones que están en nosotros no se hacen perceptibles hasta que se reflejan en un signo exterior. Estos símbolos intervienen entonces para hacernos manifiestas las verdades que están en nosotros. Ellos nos presentan la imagen fiel de lo que contiene nuestro espíritu. 

Cuando éste está vacío no tienen por consiguiente ninguna significación. La culpa no es de los símbolos sino de aquel que no sabe ver nada. Nada puede salir de una inteligencia vacía. Los símbolos al menos no hablan por sí mismos. 

Para hacerlos elocuentes es preciso haber abierto el santuario de las verdades abstractas, gracias a la llave que nos proporciona el estudio de las propiedades intrínsecas de los Números. Todas las escuelas iniciáticas han preconizado este estudio. Los antiguos lo han hecho la base de su ciencia sagrada, también los números juegan un rol preponderante en el simbolismo de todas las religiones, Pitágoras pretendía que los números rigen el mundo. 

En su correspondencia particular los masones se saludan “por los números que le son conocidos”. 

La Francmasonería además no actúa en todas sus cosas sino que según números determinados y relaciona los conocimientos especiales de cada grado con la filosofía numeral de los antiguos. 

Para el aprendiz se limita a los números uno, dos, tres y cuatro que debe examinar desde el punto de vista de deducciones lógicas que se desprenden de la noción de la Unidad, el Binario, el Ternario y el Cuaternario.

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